HERÁCLES:
ANSIAS DE GUERRA; PERSÉFONE: CAPRICHOS
DE MUJER.
Siempre he soñado con estar narrando esta
historia no soy una muy mujer feliz, siempre he estado a las costillas del
odioso dios del inframundo. Soy Perséfone hija de Zeus, la desdichada mujer que
ha logrado hacer de un relato, realidad.
En muy remotos
tiempos luego del destronamiento de Cronos se reparte el mundo en tres partes a tres distintos dioses, estos
son: Zeus como dios supremo del cielo, el olimpo, Poseidón como rey de los
mares las profundidades de este y parte de sus alrededores y Hades dios del
terrible inframundo, sé que es algo difícil de creer pero la mayor escoria para
dos de ellos he sido yo. Nunca quise estar en matrimonio con alguno de estos dioses.
Por desgracia mi padre en una discusión con Hades en la cual perdió me dio en
ofrenda por tan absurdos comentarios hechos y así termine en este maldito lugar
desde donde les contare una gran historia.
Heracles el gran
fornido, su extraordinaria fuerza ya tenía una razón para estar presente no fue
ni más ni menos que “la guerra”. Este gran combatiente empieza por su gran
reconocimiento y la mejor forma de conseguirlo fue impresionando la gente uno
que otro levantamiento de personas y objetos pesados, pero esto no le
interesaba a él, era demasiado sencillo para tal fuerza; entonces en busca de
aventuras pasa por matar a el león de Nemea, la hidra, el minotauro de los
jardines, y total cantidad de criaturas, pero al fin encontró su motivo de
vida, estando Heracles en un sueño se le presenta una visión. No voy a tener
una profundidad en este sueño de igual forma se cumplen todas las predicciones
que se dan en este, solo diré que Hades no tendrá un lindo día y el olimpo
menos.
Para poder entrar
al inframundo siendo que aún estaba vivo, tenía que llegar al ágora donde pudo
ir por medio de la mar en una barca pesquera allí se encontraba la única
entrada al inframundo donde salían unas bestias que se dice que ninguna persona
mortal las derrotaba y conseguían entrar a el inframundo pero ya muertos,
Heracles consiguió la ubicación de dicha entrada pero lo primero que alcanzó a
ver junto con el rojizo sol que se daba en una de las muescas de la roca donde
se encontraba reposando el Briareo, criatura deplorable para cualquier ser tenía
100 brazos y era tan acorazado como los escudos de los guerreros más letales,
Heracles pensó cual sería la mejor forma de encontrar la entrada y lo primeo
que se le ocurrió fue evitar la pelea con esta criatura, rodeando al Briareo
sin hacer ningún movimiento brusco consiguió subir una pequeña montaña que
estaba detrás de la criatura y le lanzo una roca justo en la cabeza, Heracles
en ese mismo momento el Briareo levantó la mirada y subió la montaña y en ese
mismo instante Heracles bajó sin que este se diera cuenta, al estar abajo
Heracles buscó la entrada pero en uno de sus movimientos se tropezó una piedra minúscula y la criatura por
desgracia lo escuchó, el Briareo de un brinco bajó de la montaña y se lazó
contra Heracles pero este en un movimiento reflejo levantó su espada y por
fortuna la parte débil del Briareo (estómago) fue la que recibió el impacto,
Heracles le pasó la espada de arriba hacia abajo partiéndolo a la mitad. Luego
de tal susto el Heracles vio en el centro del rostro que estaba totalmente a la
mitad una piedrecilla muy brillante este la cogió y notó que cuando la levantó
comenzaba a brillar cada vez más, y al acercarse a una roca esta empezó a
levitar y en ese mismo instante se disparó contra la roca de tal forma que le
hizo un gran agujero suficiente para que Heracles pudiera entrar, cuando se asomó
al agujero no logró ver nada pero de un movimiento empezó a caer hasta que se
dio un impacto contra una especie de río o de lago. En este un barquero pasó y
levantó su hoz como con ganas de matarlo pero vio una de las placas que traía
en su hombro, la señaló y estiró su brazo como pidiéndosela, Heracles se la
arrancó y se la entregó y el misterioso hombre lo sacó del agua y lo subió a su
barca, el hombre con unas palabras muy difíciles de entender le preguntó a
Heracles que a dónde quería ir, como siempre él con su tono burlesco le
contestó: “a donde depare mi destino”, el hombre muy seguro de a dónde se dirigía
lo llevó hasta un gran palacio que parecía el centro del inframundo, Heracles
bajó de la barca y se acercó a la puerta, esta estaba entre abierta quizás ya
esperaban su llegada, cuando entró un perro grande de tres cabezas empezó a
tirarle para que se fuera pero en un instante solo se calmó y agachó sus tres
cabezas, detrás de ellos entro yo, Perséfone miro a Heracles y entiendo que tal
vez esta misión si sea su destino
comienzo por hablar con él y le explico que es lo que me pasa por qué lo
llame con el sueño y por qué lo quería; con mi seductora forma de pensar,
actuar y hablar logré que mi hermano Heracles quedara rendido a mis pies, el
plan comenzó a efectuarse, me fui a donde mi querido esposo, comencé a
seducirlo hasta que no pudiera controlarse comenzamos a tener sexo lo amarré de
la cama los brazos y las piernas, pero antes de que mi gran marido estuviera
satisfecho, Heracles entro a nuestro cuarto con su tónica más fría y deplorable,
Heracles toma su cuchillo y le raja el vientre luego corta sus brazos sus
piernas y parte de su cuello y cráneo, por ser inmortal no se pudo terminar la
tarea, pero queda poco tiempo antes de que Hades se recupere la única forma en
que logramos salir del inframundo fue cortándole los testículos al dios del
inframundo los pisamos y pudimos transportarnos hasta un puerto donde era la
única parte donde se podía hablar con Poseidón y esto solo si él lo deseaba;
por obvias razones Poseidón salió del mar para hablar con nosotros, nos
preguntó por qué estábamos allí y que le habíamos hecho a Hades yo le contesté con
una tónica sínica y arrogante que queríamos el dominio del olimpo pero en un
cambio repentino de tonalidad volviendo con mis armas de seducción le dije que
solo con la ayuda de él podríamos lograr esto que se imaginara el reino de los
cielos para él solo, el gobernando todo el universo, -lógicamente puras
mentiras los dueños de todo seriamos Heracles y yo, Poseidón convencido de
tales palabras emprendió viaje con nosotros hasta el olimpo donde encontramos
muy extrañamente a Zeus encadenado, Apolo se aparece detrás de él y
se nombra como nuevo dios del olimpo y como Poseidón no dejaría que esto
sucediera ni Heracles y mucho menos yo permitiría tal barbarie. Entran en una
batalla, Poseidón logra mandar al
tártaro encadenando a Apolo contra su voluntad, luego confiado Poseidón de que
Zeus aún estaba atado se tranquiliza y es ese momento a sangre fría es
traspasado por uno de los rayos de Zeus y enviado de nuevo hasta lo más
profundo del océano y pero aun quedábamos dos, Zeus desconcertado porque yo
estuviera ahí comienza a hablarme mientras que no notaba la presencia de
Heracles a sus espaldas, Heracles le entierra su espada por la espalda una y
otra vez pero esto no le hace sino cosquillas, Zeus muy enfadado con su hijo
intenta golpearlo pero Heracles no es un contrincante fácil de vencer, entran
en guerra y se marca la diferencia en el momento en que yo traicioneramente le
apuñalo el corazón a Heracles, este cae y queda sin ninguna gloria. Mi castigo
sería peor si no ayudaba a mi padre pero al final vuelvo a este maldito sitio
desde donde comencé mi historia.
POR: CARLOS ROJAS
GRADO UNDÉCIMO
LITERATURA CLÁSICA (GRIEGA)